Por: R.M.L.
El flamenco no es de nadie en particular, es una gracia de Dios, proviene de una mezcla de culturas y se enriquece en Andalucía: es dolor, pena, poesía, aguardiente que verifica, seca y alegra la locura, los ritmos de los cantaores antiguos: judíos, mozárabes, moros, moriscos, andalucíes, gitanos, castellanos, murcianos, extremeños, la influencia de los cantes de ida y vuelta de Sudamérica, etc. Ya en siglos pasados, se denominaba cantaor completo al artista flamenco capaz de hacer bien todos los palos del cante.
¿QUÉ LE DEBE EL CANTE FLAMENCO A SILVERIO FRANCONETTI?
SILVERIO FRANCONETTI AGUILAR
Nació el 6 de octubre de 1829, fue hijo de un militar romano llamado Nicolás Franconetti y de una alcalareña, María de la Concepción Aguilar. A aquel seguiriyero portentoso, que se crió en Morón, los críticos le adjudicaron, sin ninguna duda, la denominación de: la importancia de la historia del cante, por ser el único cantaor que cantó todo extraordinariamente bien.
En el mundo del flamenco, los ancianos no mienten nunca, consideran los cantes de Silverio fruto de “la mezcla de la dulce miel de Italia con el limón nuestro” (Federico García Lorca, Poema del Cante Jondo). Una anciana gitana, al no poder encontrar defecto alguno al cante de Silverio, se resignó a decirle enojada y admirada: “—¡Mira hijo, cantas muy bien, pero tienes los pies muy grandes!”—, al parecer, la vieja gitana, entendida en flamenco, solamente se dignó a criticar sus desmesurados zapatos.
Además de ser un genio de su época, Silverio fue un hábil y ambicioso empresario e intuyó que el flamenco podía ser una atracción artística, así que abrió su propio negocio en la calle Rosario. La contribución que hizo Silverio al flamenco fue mayor que la de cualquier empresario de su tiempo, semejante incluso al empresario de hoy día.